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Governatori Gay contro la Mafia

El Confidencial, quotidiano online spagnolo, riporta una panoramica sulla situazione gay in Italia ed in particolar modo sull’operato di due Governatori “contro la mafia”: Rosario Crocetta e Nichi Vendola… e chiede a Luxuria cosa ne pensa.

Italia esconde dos países diferentes: un norte industrioso y rico frente a unsur empobrecido y lastrado por la criminalidad organizada. Las cifras económicas parecen darle la razón al tópico. Las regiones septentrionales, con una renta per cápita similar a la de Alemania (31.124 euros anuales frente a 31.703 euros), son miembros de pleno derecho de la llamada blue banana, el corredor que engloba toda la zona central del Viejo Continente, desde el norte de Inglaterra hasta Milán, formando una de las áreas con mayor concentración de población, riqueza e industria del mundo.

El sur de Italia, en cambio, pertenece a otro mundo: la renta per cápita de losterroni, como se denomina despectivamente a los transalpinos meridionales, es el 57% de la de los polentoni, como se conoce a los septentrionales. Con sus 17.957 euros anuales es incluso más baja que la de los griegos(18.454 euros), según un reciente informe del centro de estudios italiano Censis. Entre los países de la zona euro, Italia es la nación con mayores desigualdades territoriales. La distancia económica, las enormes diferencias en infraestructuras y la acción de las mafias invitan a muchos a pensar que el Mezzogiorno sufre además un retraso cultural frente a la zona norte.

Rosario Crocetta y Nichi Vendola, gobernadores regionales de Sicilia y Apulia, respectivamente, son dos ejemplos de que no es así. En Italia, donde las contradicciones y las paradojas están a la orden del día, las cosas nunca son sólo lo que parecen. Pese a este supuesto retraso cultural, los votantes sicilianos y pulleses no han tenido problema para elegir a dos homosexuales declarados para que dirijan sus Ejecutivos regionales y para que hagan frente a las mafias que operan en sus zonas, la Cosa Nostraen Sicilia y la Sacra Corona Unita en Apulia.

 “Les quieren por su honestidad. Aquí hay una corrupción increíble”

Crocetta es presidente siciliano desde octubre del año pasado, después de destaparse como un símbolo en la lucha contra la criminalidad organizada como alcalde de Gela, su ciudad natal, situada al sur de la isla. Vendola ganó por primera vez las elecciones regionales en 2005, fue reelegido cinco años después y es además el líder de la formación nacional Izquierda Ecología y Libertad. Los dos pasaron por el otrora poderoso Partido Comunista Italiano y mantienen hoy posiciones progresistas, como ocurre con la práctica totalidad de los políticos transalpinos que han “salido del armario”.

“Su ejemplo sirve para demostrar que el sur no es más retrógrado que el norte. Los votantes les quieren sobre todo por su honestidadEn Italia hay una corrupción increíble, hay políticos ávidos de poder, que hacen política sólo para robar. Vendola y Crocetta, en cambio, son personas honestas”, cuenta Vladimir Luxuria, la primera transexual que entró en un Parlamento europeo tras ser elegida diputada en 2006. “Crocetta realizó una lucha enorme contra la mafia en Gela. Le hizo perder mucho dinero y le costó estar amenazado de muerte. Yo soy su amiga y recuerdo que en aquella época me llamaba por teléfono para preguntarme si llovía o hacía sol ese día, pues vivía en una casa sin ventanas para garantizar su seguridad”, dice Luxuria.

Vendola y Crocetta han dado algunos detalles de su vida privada (el primero tiene pareja estable y el segundo dijo en broma que durante el tiempo que permaneciera en el poder no practicaría sexo), pero no han hecho de la homosexualidad su bandera política. “Su condición sexual no es su razón de ser en la política. El hecho de ser gay contó poco en su elección. En el caso de Crocetta pesó mucho más su condición de alcalde antimafia”, asegura Dario Accolla, activista del movimiento LGTB y autor del ensayo Los gais están todos a la izquierda (Aracne).

Homofobia estatal: “La clase política no representa de verdad a los ciudadanos”

Para Vittorio Lingiardi, psiquiatra, profesor de psicología en la universidad La Sapienza de Roma y autor de Citizen gay: afectos y derechos (Il Saggiatore), la elección de los dos presidentes regionales muestra que la sociedad italiana es “más acogedora” con este colectivo que el Parlamento, que no ha aprobado ninguna ley que reconozca las uniones civiles entre personas del mismo sexo. Esta situación convierte a Italia en una rara avislegislativa entre las naciones occidentales.

“A la mayoría de los italianos les da igual votar a una persona que sea homosexual o heterosexual. Al principio puede haber un cierto interés por este tema, pero luego lo que importa es cómo respondes a sus problemas. La clase política, en cambio, no representa de verdad a los ciudadanos”, lamenta Luxuria, para quien existe una “homofobia de Estado” representada por todos aquellos dirigentes que dicen que la homosexualidad es una enfermedad que debe ser curada.

En este sentido son memorables las palabras de Silvio Berlusconi, quien al estallar el escándalo del caso bunga bunga dijo que era mejor “ser un apasionado de las chicas guapas que ser gay”. Junto a esta “homofobia estatal” hay una “homofobia de la calle”, patente en los insultos y agresiones que el colectivo homosexual sufre habitualmente en Italia. Fruto de este acoso son los tres suicidios de adolescentes gais que se han registrado en los últimos nueve meses.

Para intentar atajar este problema, el Parlamento debate la aprobación de una ley contra la homofobia. “Está bloqueada porque una parte de la política considera que sería discriminatorio para los heterosexuales considerar la homofobia un agravante en una agresión. Es increíble. Los homosexuales son una minoría y necesitan una tutela jurídica porque son objeto de persecución y de acoso”, comenta Lingiardi.

Un mayor índice de suicidios

Por su experiencia como psiquiatra denuncia que las “micro agresiones en la vida diaria” que sufren los gais y lesbianas provocan una situación de estrés que “influye en la autoestima y en el bienestar psicológico” de la persona. “Es un problema también desde el punto de vista de la salud pública”, advierte. En su opinión, no es casual que sea mayor el índice de suicidios entre los adolescentes homosexuales que entre los heterosexuales.

Accolla propone una ley que “de verdad diga basta a la violencia, también a la verbal”, unida a una campaña de educación en las escuelas para lograr que remita la homofobia. La percepción que los italianos tienen de los homosexuales, no obstante, ha mejorado en los últimos años. Según un reciente informe del centro de estudios estadounidense Pew Research Center,Italia es el cuarto país del mundo en que más aumentado la percepción positiva de la homosexualidad.

A juicio del autor de Los gays están todos a la izquierda, el tapón que está sufriendo la normativa se debe a las presiones del sector del Parlamento más proclive a la influencia de la Iglesia católica. “Se teme que si pasa esta cuestión, lo siguiente en plantearse será la ley sobre las uniones civiles entre personas del mismo sexo, luego el matrimonio y más tarde las adopciones”, concuerda Lingiardi.

“Íbamos a convertirnos en una colonia de la mafia”

La presencia de dos homosexuales como Crocetta y Vendola al frente de los gobiernos regionales de Sicilia y de Puglia es para Accolla un símbolo que puede ayudar a reducir la homofobia. A ello contribuye la buena aceptación popular que tienen ambos. En el caso del presidente siciliano, su actitud frente a la Cosa Nostra es antitética respecto a la que mantuvieron sus predecesores, Raffaele Lombardo y Salvatore ‘Totò’ Cuffaro. El primero se vio obligado a dimitir cuando se supo que estaba siendo investigado por su relación con la mafia siciliana. El segundo cumple una condena de 7 años de prisión por el mismo delito. “Crocetta y Vendola son dos personas comprometidas en la lucha contra el crimen organizado, tengo un juicio muy positivo de ambos”, apunta Francesco Forgione, expresidente de la Comisión Parlamentaria Antimafia.

Nino Amadore, corresponsal en Palermo del diario Il Sole 24 Ore y autor del libro La zona gris: profesionales al servicio de la mafia (La Zisa), advierte de que tras la época de Cuffaro y de Lombardo, marcada por “la conexión entre el aparato público con la criminalidad organizada”, hacía falta una ruptura como la que supuso la llegada de Crocetta. “Si no había un cambio, íbamos a convertirnos en tierra de conquista, en una colonia”, lamenta. En su opinión, el hecho de que sean homosexuales no ha tenido ninguna influencia en su posición frente a la Cosa Nostra y la Sacra Corona Unita. “La esfera sexual nada tiene que ver con la mafia. Para la Cosa Nostra es irrelevante, hace negocios con todos. Lo que importa para ellos es el dinero, no con quien te acuestas. Ya no existe la vieja la Cosa Nostra con sus reglas. Ahora hay una nueva generación a la que no le importan estas cosas”.